Tempus fugit

Quizá como dicen muchas canciones, se necesita tiempo, siempre es él, dulce verdugo de un crepitar de pasos sin nombre. Pasos que sin querer damos cada uno de los días que corremos sin detenernos siquiera a contemplar lo que tenemos delante. Se desgrana segundo a segundo y solo puedes verlo una vez. Él, sin embargo, sigue tranquilo y tentador, sentado en una ola de cambio que aún no sabe cómo tiene que romper. Sin destino ni rumbo. A pesar de eso, le sigues esperando impaciente. Nunca he tenido suficiente con una sola vez.

Y siempre es el tiempo, para volver a confiar que un día volverás a ver el mar o que volverás a enfrentarte a los temores que hacen que algunas cosas se vean imposibles, tanto como para que solo haya una simple oportunidad, oculta entre barrotes de plastilina mutables a pura ferrita oxidada. Dispuesta a ser olvidada de mil maneras distintas y solo salvable de una sola posible.

La paciencia es el arma del confiado, al acecho del rincón sosegado para agarrar esa ola como se merece. Para poder pasearte sobre su cresta mientras te lleva con magia hacia la orilla, para hacerte volver a sentir la tierra bajo tus pies, recapacitar y comprender qué tiene que existir para mantener ese equilibrio. Esa paz.

Por suerte creo en la rendición, en redimir los pecados y volver a contar hacia adelante; a veces, la mejor fuga, o incluso la peor, son caminos que llevan a la libertad, no siempre huir es de cobardes ni rendirse de blandos. Solo es el tiempo quien decide el dónde y el por qué, entre remolonas cadenas que quieren romperse; seguir sin mirar atrás, confiar en él para desear de nuevo lo que seré sin importar lo que fui. Eso es lo que me gusta y sigo buscando, por que en esta vida todo va de evolución.

Solo es cuestión de paciencia y tiempo, seguimos desconectados los unos de los otros sin darnos cuenta de que la alta tensión solo se obtiene si nos conectamos juntos, sin cortocircuitos ni interferencias, porque no siempre lo arriesgado tiene porque ser peligroso. Depende de nosotros, ya que el tiempo, se agota segundo a segundo sin remedio, sigue su curso, así que no dudes de él porque sin duda existe, aunque sea relativo, siempre tiene una finalidad y no tiene por qué ser errónea. En nuestras manos está decidir cómo tiene que ser.

angel · 27/10/2008 @ 18:45 · paranoia · 7 Comentarios »

Gente Normal

Hace ya varios días veía en el blog mi amigo JRMora una viñeta sobre la gente normal. Me dio que pensar. Lo cierto es que llevo días pensando en todo lo que seis simples dibujos fueron capaces de decirme, no es que no lo hubiera pensado antes, simplemente me abrió algo más los ojos. No hay nada como un cubata on-the-rocks de sinceridad. Y aunque a veces vale más una imagen que mil palabras, hay otras donde una palabra puede valer lo mismo que mil imágenes. Este sin duda es el caso de la palabra normal. Pensando un poco nos daremos cuenta de que en un mundo donde viven más de 6.000 millones de personas, hablar de algo normal es cuanto menos, irónico. Lo peor de todo esto es que se intenta vender lo normal como lo bueno, lo correcto, como un camino de vida, muchas veces visto como el único. Normalidad barata y banal que se perpetúa una generación tras otra sin posibilidad de remontar el vuelo. Sin pasiones, sin sentimiento, sin sensaciones. Estados lineales de comportamiento. Sumisos. Normales.

Tienes que estudiar, tienes que trabajar, tienes que labrarte un futuro. No hay posibilidad de errar, si te caes te aplastan. Tienes que levantarte temprano, tomarte el café en tiempo récord mientras te arden los labios pensando en el viaje de ida. Caras apáticas, inmersas en su autosuficiencia y en su normalidad, en parecer lo que no son. Rodeados de tecnología inútil y glamour barato en su forma de vestir, creyendo que son especiales cuando lo único que hacen es sucumbir en lo que está de moda, en algo que se ha convertido en normal. Nos tratamos con impersonalidad, antipatía e intolerancia. Hormigas en movimiento que acaban encerradas cada noche bajo cuatro paredes. No se puede ser diferente. No te puedes salir del molde. No hay libertad, no hay tregua y si te sales de esas normas te llaman loco. Un loco que quiere hablar, o tal vez un loco que quiere cantar, que quiere silbar o tal vez recitar. Un loco que mendiga o uno que enseña viejas fotos. Sigue la rueda de la normalidad y se hace tan grande como una bola de nieve que no puedes parar, una frívola cúpula que se mueve como una gran pompa de jabón que parece que nunca quiere reventar. Dónde queda la libre expresión del individuo como tal, su máxima exposición, su inteligencia y sensibilidad, quedan reducidas a prácticamente nada cuando se les impone la barrera de lo normal. El camino que debes seguir no es el que escoges si no el que te abren. Solo puedes entrar, si te quedas fuera, es tu responsabilidad. Es tu locura frente al mundo. Abre tu mejor paraguas y sonríe.

Disfruta de ese otro camino mientras puedas, observa a los otros locos que te rodean, deja atraparte por ellos y bebe de su demencia al mismo tiempo que beben de la tuya. Sáciate de delirio. Pierdete en el frenesí y hasta en la excentricidad. Cúbrete en su creatividad y hechízate de un mundo donde las reglas están reflejadas frente a un espejo, donde todo se ha dado la vuelta e increiblemente, sigue en equilibrio. Aprende los trucos para vencer a ese inmovilismo, a esa depresión perpetua bajo edificios de color oxidado e inmensas cristaleras repletas de aire normalizado. Salta, baila y canta como un poseso, libérate. Observa, aprende y reinventalo todo. Muévete cuanto quieras pero hazlo con cuidado, como si fueras todo un funambulista aferrado a tu mejor vara, ya que si caes, hay una red que te atrapará, pero no es en la que quieres caer, ya has estado ahí, sabes perfectamente donde acaba y sabes que no es allí donde quieres volver.

angel · 24/10/2008 @ 23:42 · sociedad · 14 Comentarios »

La televisión actual, un fascismo de masas

La información es poder. El morbo es producto. El dinero es el resultado.

Una caja de plástico que emite destellos de luz con sonidos. Eso es el nuevo profeta de un Dios inventando por enésima vez. Omnipotente. Omnipresente.

Marca tendencias y pensamientos, no hace falta ni que refleje las que se ven fuera, es tan fuerte que es capaz de crear las suyas y hacer que te las tragues. Junto con su moral. Vendida a políticos, religiosos o cualquier otro grupo de poder. Perpetuando el círculo vicioso. Continuando el patético juego.

Dueños de televisiones. Dueños de empresas. De muchas empresas. Con ellas, publicidad y eslóganes que hablan de la autoperfección, de la autorealización y de lo fácil que es conseguirlas sin tan siquiera moverte de tu casa. Anuncios de ropa interior y de comidas bajas en grasas y calorías. Consejos superfluos de lo que debes tener en tu cuerpo, armario o garaje para sentirte mejor. Un bombardeo constante de superficialidad, alejada del sentido y la razón. Telelobotomía. Una operación a distancia para reconstruir tus circuitos cerebrales sin usar ni cirugía.

Así despertaron y siguen despertando al voyeur que llevamos dentro. Vendiéndonos intimidad para que no pensemos en lo penosa que es la nuestra. Series que perpetúan un espíritu de rebeldía que se ha convertido en apatía resentida, perpetuando sueños que pocas veces conseguiremos. Aceptación sumisa, como borregos. Conocimientos inútiles que embotan nuestro cerebro y solo hacen que veamos al Gran Hermano desde el otro lado del espejo. Ese que describe Palahniuk. Ese que te mantiene ocupado entre ilusión de información, entretenimiento de masas y ruido de risas de muertos grabadas hace más de 60 años. Ese que hace que no consigas pensar en qué quieres hacer con tu vida porque todo tu cerebro ya está ocupado.

Y ahí es cuando todas las patrañas te entran una a una, sin remedio. Directas a tus ojos, a tu garganta y a tu cerebro. Lo dominan todo. Son el nuevo Dios.

Empiezan de buena mañana, como los mercados. La diferencia está en que te venden el rigor informativo como mi pescadera los boquerones. Un pasatiempo, triple, cuádruple o incluso continuo. Sensacionalismo envuelto en entretenimiento barato, un sucedáneo cultural más para mantener a raya la opinión del ciudadano medio que ha dejado de consumir verdadera cultura. Sin inquietud, inmóvil. No lee libros, no escucha más música que aquella con la que le bombardean, no va al cine ni al teatro, no asiste a exposiciones y el arte en general se la suda. Por dejar ya hasta deja los periódicos que tan famosos se hicieron por regalarse.

Te sientas en el sillón, coges el mando y crees tener el control. Ilusión de seguridad. Nuevas generaciones ensimismadas en personajes ficticios, o peor aún, reales, con los que sueñas o soñaste llegar a ser. Aún así, a veces, te crees capaz de rebelarte, de creer que si no ves determinados tipos de programas cambiarán su manera de hacer televisión. Que si te quejas reaccionarán. Que tus gritos serán escuchados. Ilusión de credulidad. La duda ofende pero su risa continúa, haciéndose casi perpetua como el formato de programas que emiten.

Un pensamiento único basado en el entretenimiento y control de las masas, aplicando la fórmula para que se sostenga el máximo de tiempo posible, para que éstas repliquen el mensaje y se envuelvan en él, como una manta cálida de falsa protección, convirtiéndolo en un monotema, en un pensamiento fascista que aisla de cualquier otra tendencia que puedan lanzar políticos, escritores o intelectuales tal y como afirma en sus ensayos el filosófo alemán, Peter Sloterdijk. Lamentablemente, la idea no es nueva, ya decían los romanos, Panem et circenses.

Por suerte aún quedan rebeldes, creyentes independientes de la imagen en movimiento. Condenados. Desterrados. Vagando por la red de redes en busca de una selección de contenidos de calidad. Ellos no nos la van a dar, están demasiado ocupados manteniendo el engaño mientras cuentan sus ganancias. Y si los que viven de esto no inician la revolución que necesita el medio televisivo, debemos ser nosotros, los telespectadores, los que les devolvamos todos los vómitos que nos provocan delante de sus puertas.

Que huelan lo mismo que nosotros cuando vemos lo que nos ofrecen al encender esa caja de plástico. Quizá así comprendan qué se siente, notando ese hedor una mañana tras otra. Quizá así reaccionen de una puta vez para que a todos nos desaparezca la nausea de una vez por todas.

angel · 06/10/2008 @ 1:06 · opiniones · 30 Comentarios »

"the infernex" es la reinvención de un juego, de un sueño y al mismo tiempo de una ilusión. Son las cenizas hechas letras de un ave fénix que espera renacer de nuevo y así emprender otra vez el vuelo de las palabras.

¡Y se deshizo la luz! Silencio Soy hombre y feminista Tempus fugit Gente Normal

Liz: Gracias por compartir lo que sientes... Min: Queda, queda. Gracias a que somos... JRMora: Oiga ¿Queda mucho? MonikaMDQ: Pasé a saludarte y desearte... Marito: ¿Qué tal, rapaz? No te preocupes...

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